Es hora de desempolvar y sacudir la memoria colectiva, el fascismo actúa al servicio de los intereses más agresivos del capital internacional, pero ante los pueblos se presenta bajo la máscara de defensor de la nación ultrajada y apela al sentimiento nacional herido.

El fascismo no es una simple forma de gobierno, sino una forma estatal de dominación que pretende ponerse por encima de las clases sociales, generalmente accede al poder en pugna enconada con los partidos políticos tradicionales o con parte de estos, y atrae al pueblo especulando en forma demagógica con sus necesidades y exigencias vitales, para luego instaurar una dictadura violenta al servicio de los intereses que dice batallar.

El fascismo, lanza consignas seductoras para los ciudadanos que no han alcanzado madurez política, pero entrega al pueblo a la voracidad de elementos venales y corrompidos presentándose como un gobierno honrado e insobornable, especulando con la desilusión del pueblo sobre los gobiernos de la “partidocracia corrupta”.

El fascismo engaña y confunde al pueblo, le impresiona con la “violencia de sus ataques” y su discurso “irreconciliable” contra los viejos partidos de la oligarquía, y presenta su acceso al poder como un “movimiento revolucionario”, mientras convierte a los desempleados en parias, en mendigos subsidiados, vulnera los derechos de los trabajadores, divide y destruye a los sindicatos y organizaciones sociales, les arrebata el derecho a la huelga y la protesta. A los trabajadores públicos los enrola a la fuerza en sus organizaciones fascistas y les obliga a participar de sus actos políticos, les usurpa los fondos de los seguros sociales, convierte sus sitios de trabajo en cuasi cuarteles donde reina el pesquisaje y la delación, institucionaliza el despido masivo de las empresas y organiza una nueva burocracia formada por sus partidarios más obedientes.

El fascismo, se presenta como heredero y continuador de todo lo que hay en el pasado de revolucionario y heroico, y explota todo lo que le humilla y ofende a los sentimientos del pueblo, hace uso de una fraseología de servicio a las causas populares e incluso revolucionaria, mientras rompe el sentimiento de solidaridad y la idea de la acción común.

El fascismo, destruye las instituciones del Estado, criminaliza la protesta social fraguando normas jurídicas para hacer de la intimidación y el chantaje un instrumento de persecución política, y se esfuerza por desfigurar la imagen de los dirigentes populares, imputándoles falsos delitos y encarcelándolos, a decir de Montesquieu: no existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencia de justicia.

El fascismo, ambiciona establecer un monopolio político, destruyendo con violencia a los demás partidos políticos, ofreciendo a la juventud, a los intelectuales, a los trabajadores y campesinos, un futuro esplendoroso, mientras les niega el pleno ejercicio de sus derechos democráticos.

El fascismo crea una dictadura insoportable y disemina en proporciones nunca vistas la corrupción y la persecución a sus opositores que son sometidos a tratos violentos y escarnios repugnantes.

En fin, cualquiera que sea el maquillaje con que se disfrace el fascismo, siempre será el peor enemigo del pueblo y de la democracia, está última entendida como el respeto a los derechos fundamentales del ciudadano y de sus libertades.

Contra lo anterior nos queda el sumar conciencias y el derecho a la resistencia civil consagrada en la Constitución de la República.

Autor
Dr. Edgar Coral Almeida